La voz de los que no tienen voto
43 años a sus espaldas, 16 compañeros de un piso con 2 habitaciones, 2 meses viviendo en un albergue y 1 noche durmiendo al raso, en un banco de la Rambla, concretamente. Estos son algunos de los números que Mamadou Diagne utiliza para describirse. Pero todavía hay más. 100 es la cantidad de personas que forman parte de la asociación que creó, “Nómadas del siglo 21”, para ayudar a gente en su misma situación: sin papeles. Quizás demasiadas cifras para que al final su representación en las urnas el próximo 22 de mayo cuente por 0.
Si pudiera, tiene claro a quién elegiría para dirigir el Ayuntamiento de Barcelona, aunque no lo desvela (el voto es secreto). Sólo nos da una pista: no votaría a los populares, “porque soy inmigrante y la política que hacen no nos favorece”. Su discurso en castellano es fluido, pero a menudo se detiene hasta dar con la palabra exacta que quiere utilizar. Su formación no le permite obviar ese tipo de cosas: estudió literatura inglesa en Senegal.
Hablando con él, algunos tópicos sobre la vida de los inmigrantes adquieren una nueva dimensión. Un piso patera, por ejemplo, pasa de ser una mala jugada a un regalo. “No podemos permitir que haya gente durmiendo en la calle”, explica, proporcionando la razón de ser de la asociación hermana de “Nómadas del siglo 21”: “La patera urbana”. El sentimiento de soledad, incomprensión, abandono… en una palabra, la invisibilidad que sufren los inmigrantes, es de las peores cosas con las que se encuentran al llegar al país de acogida. Por eso es tan importante que un día alguien a quien no conocen les invite a vivir en su casa, aunque tengan que compartir cuarto con ocho personas más. Porque le están salvando de la calle y del olvido, y le están diciendo que para ellos sigue contando. “He llegado a vivir con 20 personas en un mismo piso, pero todos caben, como sea. Tengo que compartir el lugar donde vivo”, resume en una frase en la que el modo imperativo adquiere su grado máximo de seriedad y compromiso.
La solidaridad que demuestran los inmigrantes senegaleses es un reflejo de una sociedad donde las relaciones humanas son más cálidas. Y esa calidez precisamente es lo que Mamadou recuerda con más añoranza de su país, al que tiene por seguro que volverá algún día. Por contraposición, lo que más le gusta de su nuevo hogar es el desarrollo de la economía y las oportunidades que tiene la gente.
A su llegada a Valencia, hace ya cuatro años, empezó a trabajar en el top manta. La ciudad no le acababa de gustar para vivir y medio año después decidió probar suerte en Barcelona. De nuevo trabajó como mantero, pero al cabo del tiempo, a medida que fueron aumentando sus contactos, pudo dejarlo para dedicarse a impartir clases particulares de inglés.
A partir de las asociaciones que ha creado ha tenido la posibilidad de hablar con responsables de la policía, a los que quiere hacerles entender la situación de los inmigrantes. “Las personas que trabajan en la venta ambulante están demostrando cada día que quieren trabajar. Lo que tendrían que hacer es darles los papeles para que puedan salir a buscar un trabajo legal”, argumenta, dando otra vuelta de tuerca a un tema que conlleva una polémica interminable.
Su lucha no es sencilla, y es que intenta hacer visible a un colectivo invisible en muchos aspectos. Más de 70.400 ciudadanos extracomunitarios podrían haber votado por primera vez en mayo, todos ellos provenientes de ocho países con los que se ha establecido un convenio de reciprocidad. Pero sólo el 1% cumplió la condición imprescindible de apuntarse en el censo, lo que deja reducido a su mínima expresión un avance que debería haber sido histórico, pese a que seguía dejando fuera a muchos, entre ellos a Mamadou (con Senegal no se ha establecido el convenio).
Pero él no desespera, no se resigna, sabe que el camino se hace andando. Y seguirá dando pasos para lograr su objetivo a través de “Nómadas del siglo 21”. Como queda registrado en su blog: “… una asociación creada por personas que han llegado desde África recientemente y que, a pesar de los impedimentos legales, luchan por ver cumplidos sus proyectos y sus sueños. Somos una asociación donde la voz de los invisibles, ilegales y minorías se recoge y se proyecta más allá del estrecho espacio de participación existente; más allá de su condición jurídica…”.
(Revista Carrer)